Ruta por «El crimen del sátiro»
- El crimen del sátiro
- 25 mar 2024
- 3 Min. de lectura
El crimen del sátiro fue por primera vez publicado en 1925. En esta obra, Carrère hace un retrato del Madrid de la época, de los suburbios madrileños y de sus habitantes. El corazón de la capital, y más concretamente la zona de La Latina, Lavapiés y Embajadores, cobran un papel fundamental en esta historia.
Vamos a explorar los lugares clave que aparecen y que enmarcan la vida cotidiana de aquel tiempo.

Plaza del Progreso (la actual plaza de Tirso de Molina)
«La plazuela del Progreso, con su amable jardinillo y sus bancos de madera pintada de verde, es un lugar propicio donde descansan, sueñan, esperan la venida de lo casual y la hora de las profesiones extralegales…»
Es posible que, buscando en un mapa de la ciudad, no encontremos ninguna plaza con dicho nombre. Hasta el inicio del franquismo, a la plaza de Tirso de Molina se la conocía como la plaza del Progreso. Su origen data de 1840 tras una remodelación del espacio en la que se limpiaron los escombros del antiguo convento de la Merced, se plantaron árboles y jardines y se instaló una estatua.
La plaza del Progreso es el inicio y centro de nuestra historia. Por ella transitarán personajes tan interesantes como la Jamelgo, la señora Ramona, Matilde la de los Tufitos, entre otras.


Lavapiés
«… echó a andar por la calle de Lavapiés abajo. Cruzó la pina callejuela del Calvario, llegó a la de Jesús y María, y, al llegar al callejón de la Comadre, vio un grupo de gente y se acercó.»
La zona de Lavapiés contaba con multitud de diversidad social y de contrastes entre la sociedad madrileña, tal como se puede observar en la nouvelle. Allí convivía la más baja clase social (hampones, prostitutas, mangantes, viejas vendedoras callejeras…) con miembros de clases más altas, aunque con una moral cuanto menos debatible.

Las Rondas, el Portillo de Embajadores y Puerta de Toledo
«… echó a andar hacia las Rondas. Llegó rápido al Portillo de Embajadores, se deslizó a lo largo de las verjas de la Veterinaria, hasta llegar a un jardinillo»
Las Rondas son cuatro vías anchas (Ronda de Atocha, de Valencia, de Toledo y de Segovia) que forman parte del primer cinturón de circunvalación de Madrid. El Portillo de Embajadores se encontraba al final de la calle de Embajadores y a mitad de camino entre las puertas de Toledo y de Atocha.
Pasando por todas estas calles, más de un individuo irá con prisas o tranquilamente al encuentro de alguien misterioso…


Barrio de Salamanca
«Estaban en una habitación de una pacífica calle del barrio burgués de Salamanca, tan lejos del barrio fétido, de tugurios y de gentuza»
El barrio de Salamanca es y ha sido, desde 1860, el hogar indiscutible de la aristocracia y la alta burguesía madrileña. Es una zona que contrasta con el ambiente de podredumbre y deprimente en el que se desarrollan los hechos de El crimen del sátiro. En apariencia, este lugar emana un aire de distinción y refinamiento, sin embargo, las apariencias siempre pueden engañar y quienes lo habitan pueden ser los peores anfitriones.

Plazoleta de los Escolapios y Calle Mesón de Paredes
«Hacía ya más de un mes que vio en la plazoleta de los Escolapios del Mesón de Paredes»
Cerca de la plazoleta de los Escolapios se encontraban las Escuela Pías de San Fernando, que fueron destruidas en la guerra civil. En la actualidad, en sus ruinas está la biblioteca de la UNED, recuperando así la función de entonces. Esta plazoleta era punto de encuentro de los vecinos de barrio, donde los chiquillos jugaban y las muchachas pasaban el rato.


El Retiro
«… va a darse su paseíto de costumbre por el Retiro…»
El Retiro es uno de los parques más emblemáticos de Madrid. Al igual que en la actualidad, en los años veinte estos jardines eran un perfecto espacio de tranquilidad, un refugio para los habitantes de la ciudad, de todas las edades y géneros, un lugar donde escapar de la vida rutinaria urbana y sumergirse en un paraje de belleza natural.
Hay un personaje en particular que disfruta dando largos paseos por sus jardines y se deleita observando a la gente que allí pasa su tiempo de ocio. Para descubrir quién es y por qué sumérgete en las páginas de El crimen del sátiro.

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